La distorsión del trabajo de Paul Groner y el desconocimiento del Sutra de la Plataforma en la narrativa de autoordenación de Sifu Koio Samadhi
La historia de la autoordenación de Sifu Koio Samadhi, tal como es presentada por la Sangha Dhammapada, pretende apoyarse en una combinación de erudición académica y legitimidad tradicional. Para ello, el documento de la propia Sangha Dhammapada afirma que Koio Samadhi, tras rechazar los “votos restrictivos”, recurrió al procedimiento de autoordenación descrito en el Brahmajala Sutra y, a continuación, refuerza esta pretensión mediante citas del capítulo de Paul Groner sobre ordenación y preceptos en Readings of the Platform Sutra (Lecturas del Sutra de la Plataforma). Sin embargo, una lectura cuidadosa del texto de Groner demuestra que esta apelación no solo mutila el argumento académico, sino que también revela algo más grave: quien construyó esta justificación no entendió el Sutra de la Plataforma que sirve de marco al análisis de Groner.
El primer problema es metodológico. El documento de Dhammapada toma del ensayo de Groner aquello que parece útil para legitimar una autoordenación y suprime precisamente lo que limita, matiza o invalida esa lectura. En su presentación, la sangha cita la definición general de “ordenación” como un ritual público que otorga autoridad religiosa, y luego subraya que en el budismo chino la ordenación podía conferirse tanto a monjes y monjas como a laicos . Pero omite la explicación central de Groner: cuando los preceptos del vinaya se confieren a un monástico, el iniciado recibe un estatus especial y autoridad real dentro de la comunidad; en cambio, cuando los laicos reciben preceptos, su estatus es “más ambiguo” y pertenecen a una “orden virtual”, no a una orden real con autoridad institucional . Esa omisión no es secundaria. Es el corazón mismo del argumento. Groner no está diciendo que toda “recepción de preceptos” sea equivalente a una ordenación monástica plena; está diciendo exactamente lo contrario: que el mismo término chino puede cubrir realidades muy distintas y que el lector debe estar atento a esos matices .
Ese punto es decisivo porque el ensayo de Groner no es un manifiesto a favor de que cualquier laico pueda autoconstituirse en fundador de una orden. Su trabajo es un estudio histórico de cómo el Sutra de la Plataforma reconfigura la idea de ordenación en el Chan temprano. Desde sus primeras páginas, Groner insiste en que el Sutra de la Plataforma es un texto dirigido en gran medida a laicos y que, mediante su ritual de preceptos “sin forma”, tiende a difuminar o relajar la distinción entre laico y monástico, no a abolirla sin más, y mucho menos a conferir automáticamente autoridad monástica institucional a cualquiera que participe en ese ritual . En otras palabras, Groner está estudiando un texto cuya ordenación es simple, amplia, inclusiva y muchas veces orientada a crear vínculos kármicos con grandes audiencias. No está defendiendo la idea de que esta simplicidad equivalga a una autorización para fundar una nueva sangha con autoridad monástica propia.
Aquí aparece el segundo problema, que ya no es solo una mala lectura de Groner, sino una mala comprensión del Sutra de la Plataforma mismo. Groner explica que la ceremonia del Sutra de la Plataforma consiste en cinco partes: la percepción de los tres cuerpos del Buda en uno mismo, la recitación de los cuatro votos del bodhisattva, la confesión sin forma, la recepción de los preceptos en los tres refugios y un sermón sobre la perfección de la sabiduría . Subraya además que esta ceremonia es mucho más breve y menos compleja que una ordenación de vinaya o incluso que otras ordenaciones bodhisattvas más elaboradas. También observa que esta liturgia no parece introducir al receptor en una orden institucional definida, sino más bien suscitar una conexión espiritual o kármica, una realización interior, o una relación con un maestro y su enseñanza . Cuando la Sangha Dhammapada usa este material para justificar que un individuo se constituya a sí mismo como líder de una orden real, lo que está haciendo es trasladar indebidamente una ceremonia de vinculación espiritual amplia al terreno de la autoridad monástica formal. Ese salto no está en Groner. Tampoco está en el Sutra de la Plataforma.
Más todavía: el propio análisis de Groner deja claro que el Sutra de la Plataforma no debe leerse como una celebración ingenua de un antinomismo absoluto. Él advierte expresamente que el aparente rechazo de formas monásticas o meditativas en ciertos sectores del Chan no puede tomarse “al pie de la letra” y que tales posturas no deben interpretarse como si la tradición hubiese abolido sin más la disciplina, la práctica o la pureza monástica . Esta advertencia importa muchísimo en el caso de Sifu Koio Samadhi, porque el documento de autoordenación presenta su rechazo de los “votos restrictivos” como si una especie de espontaneidad interior bastara por sí sola para reemplazar el marco normativo de los preceptos . Pero Groner, al estudiar el Sutra de la Plataforma, no sostiene que el despertar interior permita descartar toda estructura ética. Al contrario, explica que los preceptos sin forma son una cuestión compleja, exigente y fácil de malinterpretar, precisamente porque un uso superficial de esa idea puede desembocar en una postura antinómica, es decir, en la negación práctica del valor vinculante de la disciplina . La narrativa de la Sangha Dhammapada cae exactamente en esa mala lectura que Groner describe como un peligro interpretativo.
También resulta revelador que Groner sitúe el Sutra de la Plataforma dentro de una historia más amplia donde, pese a los debates sobre preceptos de los bodhisattvas y ordenaciones simplificadas, la práctica china terminó generalmente combinando los preceptos de los bodhisattvas con el vinaya en una estructura jerárquica. Es decir, la recepción de preceptos de los bodhisattvas no eliminó la necesidad de la ordenación monástica tradicional, sino que normalmente se integró con ella . Un monástico podía recibir primero refugio, luego los preceptos laicos, luego los de novicio, luego los doscientos cincuenta del monje, y finalmente los preceptos de los bodhisattvas. Esa descripción histórica es devastadora para la narrativa de Sifu Koio Samadhi, porque muestra que Groner no ve la ordenación del bodhisattva ni la liturgia del Sutra de la Plataforma como sustitutos plenos del proceso monástico tradicional. Por el contrario, su estudio muestra que en la práctica histórica ambas cosas coexistían y se articulaban. Usar su ensayo para justificar una autoordenación desligada de linaje, de comunidad ordenante y de disciplina institucional es, por tanto, tergiversar el punto central de su trabajo.
El tercer elemento decisivo es que la Sangha Dhammapada confunde dos planos que Groner cuidadosamente distingue: el plano del Brahma’s Net Sūtra como fuente de preceptos de los bodhisattvas y el plano del Sutra de la Plataforma como reinterpretación Chan de la ordenación. Groner observa que el Sutra de la Plataforma cita el Brahma’s Net Sūtra y que su ritual de preceptos sin forma se parece en algunos aspectos a la autoordenación descrita allí, pero también aclara que la ceremonia del Sutra de la Plataforma es más simple que una autoordenación típica del Brahma’s Net Sūtra: en ella no se exige un largo retiro, ni un signo visible del Buda, ni la misma complejidad ritual . Además, aunque el Buda es interiorizado y convocado desde la propia naturaleza, sigue siendo Huineng quien confiere los preceptos. Este punto es crucial. El Sutra de la Plataforma no describe a un individuo que, sin maestro alguno, se autoproclama ordenado y funda una nueva institución. Describe una ceremonia asociada a la figura de Huineng, al acto de transmitir una enseñanza, y a un contexto colectivo en el que hay un maestro que predica y una audiencia que recibe. Si Koio Samadhi hubiese entendido realmente el material que cita, habría advertido que el Sutra de la Plataforma no respalda la figura de un maestro autoerigido; más bien presupone la centralidad de un predicador reconocido que confiere preceptos y transmite una enseñanza.
A esto se suma otra observación importante de Groner: la simplicidad de la liturgia del Sutra de la Plataforma sugiere que muchas veces pudo haber funcionado más como un ritual inclusivo para crear lazos kármicos entre un maestro y una multitud de creyentes que como una ceremonia de ingreso a una organización religiosa estrictamente definida . Este detalle deja al descubierto la manipulación de la Sangha Dhammapada. Lo que Groner presenta como un rito amplio, ambiguo en su función institucional y frecuentemente orientado al laicado, es reaprovechado por la sangha como si fuese prueba de que un laico puede autoordenarse y adquirir por ello autoridad plena para dirigir una orden real. El desplazamiento es total. No es una interpretación más audaz del texto; es una inversión de su sentido.
En consecuencia, la distorsión del trabajo de Paul Groner demuestra algo más que una mala cita. Demuestra que la historia de la autoordenación de Sifu Koio Samadhi fue construida sin comprender el Sutra de la Plataforma que está detrás del ensayo de Groner. Si se hubiera entendido ese sutra, se habría visto que su problemática central no es la abolición lisa y llana de la diferencia entre laico y monástico, sino la compleja reconfiguración de esa diferencia en el Chan temprano. Se habría entendido que sus preceptos “sin forma” no son una licencia para despreciar la disciplina, sino un punto delicado que puede ser fácilmente malinterpretado en sentido antinómico. Se habría advertido que su ceremonia, aun siendo simple e inclusiva, sigue suponiendo la presencia de un maestro que confiere preceptos y no la autoentronización de un fundador sin linaje. Y se habría reconocido que Groner, lejos de avalar estas simplificaciones, advierte una y otra vez sobre los matices, las ambigüedades y los peligros de leer estos materiales de forma superficial.
Por eso, la manera en que la Sangha Dhammapada usa a Groner no solo mutila una fuente académica; delata la falta de comprensión del texto tradicional que esa fuente está explicando. La apelación a Groner pretende dar apariencia de erudición, pero logra lo contrario: deja al descubierto que la narrativa de autoordenación de Sifu Koio Samadhi no nace de una lectura seria del Sutra de la Plataforma, sino de una extracción oportunista de frases sueltas separadas de su contexto. Y cuando una legitimidad religiosa depende de leer así sus propias fuentes, lo que queda en evidencia no es la solidez de la tradición invocada, sino la fragilidad de la construcción que intenta apropiársela.


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