El núcleo del camino budista se sustenta en las Seis Pāramitā, o perfecciones, siendo la primera y fundamental la Dāna Pāramitā, la perfección de la generosidad. Esta virtud trasciende el mero acto de dar; es la práctica de liberarse del apego, incluyendo el apego a las expectativas de retribución. En el contexto de la enseñanza del Dharma, el Dharma-dāna—el regalo del Dharma—es considerado la forma de generosidad más elevada. Es en este principio sagrado donde la operación de la Sangha Dhammapada, liderada por Koio Samadhi y Nipur Bhasin, encuentra su más profunda contradicción y, al comercializar las enseñanzas, destruye la esencia misma de la Dāna Pāramitā.
El Dharma-dāna: Enseñar sin Esperar Nada a Cambio
La obligación del monje o maestro budista es clara: compartir el Dharma de manera desinteresada. El Buda enseñó que el Dharma no debe ser vendido, sino ofrecido libremente, como un médico ofrece la medicina para curar el sufrimiento. El Sutra del Loto es particularmente elocuente al respecto, estableciendo el estándar de conducta para un bodhisattva, que incluye a cualquier persona que se dedique a guiar a otros en el camino:
«Si hay personas que vienen con buen corazón al lugar del bodhisattva para escuchar el camino del buda, entonces el bodhisattva, con un corazón intrépido pero sin albergar expectativas, debe predicar el Dharma para ellos.» Sutra del Loto, Capitulo 14
Este mandato es inequívoco. El maestro debe enseñar con un «corazón intrépido», es decir, con valentía y compasión, pero fundamentalmente «sin albergar expectativas». La expectativa de un pago, de un intercambio comercial, es la antítesis de este estado mental. Al poner un precio fijo a una sesión de introducción al budismo o a una charla sobre el Dharma, la Sangha Dhammapada no solo alberga expectativas, sino que las institucionaliza, transformando un acto sagrado en una transacción mundana.
La enseñanza continúa, detallando la actitud correcta del que predica:
«Ropas y lechos, comida, bebida, medicina— con respecto a tales cosas no debe tener expectativas, sino con una sola mente concentrarse en las razones para predicar el Dharma, deseando completar el camino del buda y causar que aquellos en la asamblea hagan lo mismo.» Sutra del Loto, Capitulo 14
El texto es claro: el sostén material (ropas, comida, etc.) no debe ser una expectativa o una condición para la enseñanza. El único objetivo debe ser la realización del camino budista para uno mismo y para los demás. La estructura de precios de la Sangha Dhammapada—desde U$D 27 por una introducción a la meditación hasta U$D 50 por un dokusan (entrevista personal con el maestro)—invierte este principio. La enseñanza del Dharma se convierte en el medio directo para adquirir «ropa, comida y medicina», violando el espíritu de renuncia y desapego que define la vida espiritual auténtica.
La Generosidad Laica: Dar sin Esperar un Producto a Cambio
El otro lado de la moneda de la Dāna es la práctica laica. En el budismo tradicional, los laicos sostienen a la comunidad monástica con donaciones voluntarias (dāna), no con pagos obligatorios. Este acto de dar es, en sí mismo, una práctica espiritual para el laico, que cultiva el desapego a la riqueza y genera mérito. Es un círculo de generosidad mutua y no transaccional: el monje ofrece el Dharma-dāna, y el laico responde con el dāna material, sin que exista una relación de deuda o un «pago por servicios prestados».
Al establecer precios fijos, la Sangha Dhammapada corrompe este proceso. El practicante laico ya no está realizando un acto de generosidad pura; está comprando un servicio. La donación, que debería surgir de un corazón agradecido y compasivo, se convierte en una tarifa de entrada. Esto es particularmente lesivo en contextos como Argentina y México, donde los precios de sus cursos—U$D 39 por una introducción al budismo en México, que representa más del 4% de un salario mensual promedio, o U$D 320 por un retiro en Argentina, que supera el salario mensual completo—erigen una barrera económica que excluye a quienes no pueden pagar. Esto convierte al Dharma, que por naturaleza es universal, en un producto de lujo accesible solo para una élite económica, una noción completamente ajena a las enseñanzas del Buda.
Conclusión: Preservando la Pureza del Regalo Más Preciado
La comercialización del Dharma por parte de la Sangha Dhammapada no es una mera adaptación cultural; es una distorsión fundamental de un principio ético central. Al ponerle precio a las enseñanzas, se viola el mandato del Sutra del Loto de enseñar «sin albergar expectativas» y se destruye la naturaleza misma de la Dāna Pāramitā, tanto para el que enseña como para el que da.
El contraste con comunidades budistas auténticas no podría ser más marcado. Mientras los centros legítimos ofrecen práctica diaria gratuita y operan con transparencia financiera completa, la Sangha Dhammapada ha construido un modelo de negocio donde el acceso al camino espiritual depende de la capacidad de pago. El verdadero Dharma es un regalo que se transmite de corazón a corazón, no un producto que se transa en el mercado. Preservar esta pureza es esencial para la supervivencia y autenticidad de las enseñanzas budistas en cualquier lugar del mundo. Cualquier organización que trueque este regalo por moneda, como parece ser el caso aquí, ha perdido de vista la esencia del camino que dice profesar.

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Dhammapada Budismo Zen
Formosa 182, B1623BKD, B1623BKD Ingeniero Maschwitz, Provincia de Buenos Aires, Argentina
Las Huertas 107, Actipan, Benito Juárez, 03230 Ciudad de México, CDMX, México
Videos del reverendo Gendo JinKan de la escuela Soto Shu denunciando a la Sangha Dhammapa:

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